viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 4. Esa extraña mujer.

Caytlin se fue a su casa, no tenía nada qué hacer, así que cogió su ordenador a ver si encontraba algo que hacer. Entró en facebook y cómo siempre, vio las fotos de todos sus contactos de cuando estaba en el instituto juntos, recordó lo mal que lo pasó por ser siempre la marginada de la clase.
Recordó las horas que pasó llorando en silencio, los cortes en sus muñecas, los muchos malos hábitos que adoptó únicamente con el fin de acortar su vida. Las muchas píldoras que consumía diariamente. Lo mal que lo pasó no era normal. Miró alguna que otra foto de sus contactos hasta que vio una, era la foto de grupo que se hicieron en último curso, leyó los comentarios, críticas. Hacia ella, hacia María y hacia los que eran distintos.
Esos comentarios la afectaron cómo si tuviera quince años. Decidió apagar el ordenador, no podía seguir así. No quería volver a pasar por todo aquello, ella sabía lo que era ser criticada y acto seguido sentirte mal contigo mismo. Las críticas nunca la afectaron realmente, hasta que cumplió trece años. Qué gran infierno pasó.
Recordó perfectamente todas las veces que se sintió mal. Sabía exactamente el primer día que se cortó. Sabía también cual fue el primer día que cayó rendida a causa de unas pastillas de más. Recordó el primer cigarro que se fumó y el primer trago a una botella de vodka que dio.
Su vida nunca había sido perfecta en lo que a lo personal se refería. No fue feliz durante su adolescencia, sus compañeros de clase le habían arrebatado la adolescencia.
Fue a lavarse la cara para despejarse un poco. Miró sus manos, esas manos esqueléticas de piel blanca. Se le transparentaban las venas. Se miró al espejo. Blanca, cómo de costumbre, su color de enferma se mantenía ahí.
Fue a dar una vuelta por la ciudad. Cuando volvió habia una mujer extrañamente familiar en su puerta.
-Buenas tardes, señora ¿Desea algo?-dijo Caytlin amablemente.
-Sí, me gustaría hablar con Caytlin Grayson.
-Soy yo, ¿Qué ocurre?
-Tengo información. Información que tú deseas-dijo la mujer.
-De acuerdo, hable.
-No, pequeña. Ésta noche, cuatro de la mañana, el callejón junto a la ferretería.
Caytlin la miró extrañada, aceptó y la mujer se fue. Entró en casa, se sirvió algo de beber, no sabía a qué se refería esa extraña mujer. Presentía que tenía algo que ver con el asunto de María y sus presentimientos rara vez eran incorrectos. Le resultaba extremadamente fácil darse cuenta de las cosas. Decidió echar una siesta. Preparó una alarma para las cuatro menos diez de la madrugada para poder ir al callejón.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 3. Mamá.

Caytlin se fue a casa. Cómo todos los días, su perro fue a recibirla. Fue hacia la cocina a comer algo, no tenía gran cosa en la nevera pero le llegaba para hacerse la cena, comía poco, desde hacía 6 años comía muy poco. Caytlin de niña no era la más bonita ni la más adorable. Era rellenita y no era tan hermosa cono ahora lo es. Quizás que amaba la comida y odiaba hacer ejercicio fue lo que provocó que comiera desmesuradamente y acabara pesando setenta quilogramos con doce años... Cuando tenía trece vio que todas sus amigas comenzaban a salir con chicos, pero, ¡Ojo! todas sus amigas tenían muy buena figura, ahí se dio cuenta de que los chicos no quieren a chicas gordas, si no que quieren a chicas extremadamente delgadas y guapas. Su tristeza por saber que estaba sóla a causa de su figura la invadió demasiado rápido. No quería salir de casa, no se sentía bien consigo misma y evitaba que otros la vieran. Dejó de comer a la hora de la comida, hora a la que su madre no se encontraba en casa. Poco después dejó el desayuno. Más tarde de comer entre horas y al final sólo cenaba, no por propia voluntad, si no porque su madre estaba allí en aquel momento y la controlaba. Vio cómo fue perdiendo peso, se motivó para seguir, pero no era capaz de aguantar lo que aguantaba antes sin comer... Y volvió a intentarlo, hasta que lo cosiguió y adoptó la costumbre de comer poco.
Al terminar de cenar fue a darse una ducha. Cuando terminó, se secó y se terminó de asear para irse a dormir.
Durmió bastante bien. Pero sabía que eso era algo raro, no siempre dormía bien, se había acostumbrado a despertarse repetidas veces durante la noche y a tener terribles y terroríficas pesadillas que a base de un día tras otro sucederse, se combirtieron en sueños.
Aquel día sí que se convertiría en una pesadilla, lo sabía, lo presentía. El día no comenzaba bien, hacía mucho calor y demasiado sol para que ella se sintiera a gusto. En esa clase de días Caytlin tenía un miedo extremo a coger color, cosa que odiaba, amaba su piel blanca como la nieve. Recordó que había quedado con su madre para desayunar a las doce y media. Miró el reloj. Las diez. Aún tenía algo de tiempo para arreglarse y para buscar la ropa que solía llevar cuando quedaba para desayunar con sus padres.
Sus padres no apoyaban completamente la decisión de su hija de adoptar la estética gótica, aunque tras un mes viéndola así vestida su padre se hizo a la idea de que no podía cambiar a su hija y lo acetó. Su madre no estaba de acuerdo con Caytlin en eso, ni en eso ni en nada. Caytlin sabía que cuando iba a verla tenía que ponerse otra ropa si no quería que su madre se enfadara y tuvieran que discutir.
Hizo las cosas básicas que todas las personas hacen cada mañana, marcando la misma rutina, día tras día, monótonamente.
A las doce y media estaba en el lugar acordado aguardando a que llegaran sus padres. Pasaron cinco minutos y pudo distinguir la figura alta y delgada de su padre y la figura bajita y más gorda de lo habitual de su madre. Fingió una sonrisa, se agradaba de verlos, pero no lo suficiente cómo para sonreír.
-¡Papá! -dijo acercándose a su padre para besarle en las mejillas.
-Mi pequeña... Qué guapa estás-dijo sonriendo mientras le devolvía los besos a Caytlin.
-Hola, mamá-dijo dirigiéndole una mirada fría a su madre.
Se sentó en el mismo lugar que antes, ellos se sentaron frente a Caytlin, observándola de arriba a abajo.
-Bueno, Caytlin, ¿Cómo estás?-dijo su padre.
-Pues verás, papá. Estoy bien, cómo siempre, quizás un poco más cansada de lo habitual pero es que últimamente lo de María está mucho más presente en mi vida.
-Olvídate ya de eso, Caytlin. No volverá, lo sabes-dijo su madre.
-Lo sé, mamá. Gracias por recordarme que la única amiga de verdad que tuve ha desaparecido, tú sí que sabes cómo hacer feliz a tu hija.
Un silencio incómodo inundó la estancia.
-Veo que hoy te has vestido cómo una persona decente. Lo digo porque el otro día te vi por la calle, ibas igual de mal vestida que siempre, preferí no saludarte, me quedo más a gusto sabiendo que hay gente que no nos relaciona cómo familia. Ojalá fueras cómo Victoria, una mujer hecha y derecha-dijo su madre.
-Madre, yo nunca seré como ella, lo sabes. Me gusto más tal y cómo soy, yo elegí ser así y me gusta el camino que ha tomado mi vida desde aquella decisión. Quizás el hecho de que a ti te hayan obligado a complacer a tus padres te ha traumado hasta tal punto que quieres traumatizar a tu propia hija, pero no lo conseguirás.
-Cómo iba diciendo, antes de que me interrumpieras, te vi por la calle, ibas cómo de costumbre con tu amiga Marilyn y con el famoso Ben. No sé cómo puedes andar con esa gente, deberías conocer a los hijos de mis amigas, son  verdaderos caballeros, seguro que alguno conseguía que sentaras la cabeza. Así que, ya sabes, el sábado vienes al club de campo conmigo, los conocerás.
Una idea se pasó por la mente de Caytlin, dejar mal a su madre, demasiado tentador.
-Acepto, pero tengo condiciones, la primera es que iré por mi cuenta, en mi coche y podré llevar a Marilyn, la segunda es que me reconocerás públicamente cómo tu hija.
-Me parece bien, bueno-dijo levantándose de la silla- ya tengo lo que necesitaba, nos vemos el sábado, Caytlin.
Su madre desapareció de la cafetería y acto seguido su padre se levantó y se fue, no sin antes besarla en las mejillas.

domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 2. Caytlin.

Billy observó como Caytlin salía de la casa, una chica peculiar. Recordó a Mary Anne, su madre, que guapa era, Caytlin era su viva imagen. Claro que Mary Anne jamás había pensado como lo hacía Caytlin, nunca había sido una chica depresiva, ni rebelde, ni nada. Siempre fue tan buena.... Quizás eso hizo que acabara casada con un Grayson, hombres con dinero, por Michael Grayson abandonó a Billy, qué valiente fue.
Caytlin, era una chica guapa, su pelo negro cubría una lado de su blanquísima cara, la ropa negra le quedaba bien pero estaba mejor vestida con otros colores. Siempre iba de manga larga. Billy nunca entendió por qué. Se había teñido el pelo, ella no era morena natural, era rubia. Era preciosa. Era atractiva también por su forma de ser, por lo menos a él se lo parecía, era una chica coerente, siempre lo fue, también era madura para su edad.
Su visita de aquella tarde lo había dejado sorprendido, siempre había esperado no tener que encontrarse con un miembro de la familia Grayson. Principalmente porque esa familia sólo tenían contactos con gente importante, nunca hablarían con un viejo que vivía en las afueras. Sí que era verdad que Caytlin no era como su familia, nunca encajó, con nadie realmente, salvo con María.
Debió de ser un golpe duro para ella perder a su mejor amiga, la única que la apoyó siempre.
Después de aquello Caytlin paseaba por el instituto y por la calle sóla, hasta que conoció a Ben, el chico que la convirtió en gótica, él le enseñó la belleza de las cosas oscuras, lo tenebroso. Todas esas cosas apasionaron a Caytlin.
Caytlin se fue haciendo un lugar entre los góticos de la ciudad, no todos los dias una chica rica se hace gótica, no a todos les pareció bien que Caytlin cambiara su estilo.
Su madre fue la primera en oponerse, no le gustaba que su hija, a la que le había dado una educación más bien pija, se hiciera gótica. Su padre, en cambio, la apoyó, siempre se había preocupado mucho por su hija mayor.
La hermana de Caytlin apoyó a su madre, siempre había pensado que los góticos no valían para nada y al ver que su hermana se hizo gótica le pareció realmente mal... Pero, ¿qué sabría ella? Si de aquella no tenía más de catorce años...